Nacida en un entorno privilegiado, empresaria, madre de familia y figura reconocida dentro de los círculos sociales y empresariales, podría parecer que la vida de Viviana Jalil, conocida como La Vivi por sus amigos, ha estado marcada por las certezas. Sin embargo, detrás de la imagen pública existe una mujer que ha conocido las caídas, las dudas y la difícil tarea de volver a encontrarse consigo misma.
Porque si algo define La Vivi no es el lugar del que viene, sino la capacidad que ha desarrollado para reinventarse una y otra vez. “Soy una mujer en continua reconstrucción”, dice con serenidad. Una frase que resume una filosofía de vida basada en la adaptación, la fe y la valentía de cuestionarse cuando el camino deja de sentirse auténtico.
En una sociedad que suele premiar la estabilidad y mirar con recelo a quienes cambian de rumbo, ella decidió romper moldes. Lo hizo cuando comprendió que ciertas dinámicas en su vida la estaban alejando de la persona que podía llegar a ser. Uno de esos momentos decisivos llegó cuando tomó la decisión de dejar atrás el alcohol.
Fue una transformación profunda que redefinió su relación con ella misma, con sus hijas, con su familia y con su propósito de vida. El proceso estuvo marcado por sacrificios, renuncias y momentos de incomprensión. Pero también por descubrimientos que trajeron nuevas oportunidades, proyectos y una versión de sí misma que permanecía esperando ser descubierta.

La Vivi no cree en las casualidades. Cree en los pequeños pasos, en las decisiones cotidianas y en la disciplina que exige construir una vida diferente. Quizá por eso su día a día transcurre entre sus emprendimientos, responsabilidades familiares, compromisos empresariales y espacios dedicados a su recuperación, siempre con una brújula clara para establecer prioridades.
Y cuando se le pregunta qué ocupa el centro de su vida, la respuesta llega sin titubeos: Dios, su recuperación y sus hijas.
Está convencida de que incluso los momentos más difíciles tienen un propósito. No los mira desde la victimización, sino como experiencias que le permitieron crecer y que hoy le brindan la posibilidad de acompañar a otros. “Ese fue mi compromiso con Dios. Vivir una vida sobria, plena y feliz, pero al mismo tiempo poner mi experiencia al servicio de quienes la necesiten.”
Con esa convicción comparte su experiencia a través de conferencias, conversaciones y redes sociales. No para convertirse en ejemplo de perfección, sino para demostrar que el cambio es posible y que pedir ayuda también es un acto de fortaleza. Su historia se ha convertido en una invitación para que otros den el primer paso hacia una vida más plena.
Una emprendedora fiel a sus creencias
La misma autenticidad que guía su vida está presente en sus emprendimientos. Lina & Lia, Habibi y Preloved comparten una característica esencial: el cuidado por los detalles y una identidad construida desde la experiencia personal.

Cada proyecto refleja una parte de quien es. Sus raíces familiares, su sensibilidad estética y su convicción de que las cosas hechas con amor siempre dejan huella. Porque, Viviana Jalil también se ha convertido en una marca: una construida sobre coherencia, resiliencia y propósito.
Espacios propios
Fuera del trabajo encuentra refugio en el ejercicio, el pilates, la lectura y la escritura, una pasión heredada de su abuelo, el escritor Guido Jalil Trejo. Esos son momentos que le permiten detenerse, escuchar su voz interior y continuar ese proceso permanente de construcción personal.
Porque al final, más allá de los negocios, el trabajo en redes sociales o el reconocimiento público, la verdadera aspiración de La Vivi es sorprendentemente sencilla: la paz.

No habla de una vida perfecta ni de la ausencia de problemas. Habla de la tranquilidad que nace cuando las decisiones están alineadas con los valores y cuando se puede descansar por la noche con la conciencia en calma.
Quizá por eso su historia conecta con tantas personas. Porque no es la historia de una mujer perfecta.
Es la historia de una mujer que eligió cambiar. Que asumió la responsabilidad de su propia felicidad. Y que hoy demuestra, con una honestidad tan poco frecuente como inspiradora, que volver a empezar siempre es posible.








